Trastornos del sueño: cuáles son los más frecuentes y cuándo conviene consultar
Vamos a hablar claro. Dormir mal una noche le pasa a casi todo el mundo. El problema es cuando deja de ser algo puntual y empieza a repetirse, a afectar al ánimo, a la concentración o a la energía del día siguiente.
Qué entendemos por trastornos del sueño
Los trastornos del sueño no son una sola cosa. De hecho, existen más de 100 problemas relacionados con el sueño, aunque a nivel práctico suelen agruparse en varios bloques: dificultad para dormir o mantener el sueño, somnolencia excesiva durante el día, alteraciones del ritmo de sueño y comportamientos anormales mientras dormimos.
Cuáles son los trastornos del sueño más frecuentes
Insomnio. Es el trastorno más conocido. Suele aparecer como dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo o despertarse demasiado pronto.
Apnea del sueño. No es simplemente roncar. La apnea puede hacer que la respiración se detenga o se vuelva muy superficial repetidas veces durante la noche.
Síndrome de piernas inquietas. Suele describirse como una necesidad difícil de resistir de mover las piernas, sobre todo al estar en reposo y por la noche.
Parasomnias. Aquí entran conductas anormales durante el sueño, como sonambulismo, terrores nocturnos, hablar dormido o algunos episodios de parálisis del sueño.
Somnolencia diurna excesiva y narcolepsia. Quedarse dormido en momentos inapropiados o notar un sueño irresistible durante el día no siempre significa narcolepsia, pero tampoco conviene normalizarlo.
Qué señales no conviene pasar por alto
Hay varias pistas que merecen valoración profesional. Por ejemplo: pasar semanas durmiendo mal y levantarte sin sensación de descanso; ronquidos fuertes con pausas respiratorias, jadeos o somnolencia durante el día; necesidad continua de mover las piernas al acostarte; episodios de sonambulismo con riesgo de caídas o lesiones; o ataques de sueño durante el día.
Qué causas o desencadenantes suelen estar detrás
No siempre hay una única causa. En el insomnio, el estrés, la ansiedad, los horarios irregulares, el trabajo a turnos y el consumo de cafeína, tabaco o alcohol pueden influir bastante. En la apnea del sueño pesan factores como el sobrepeso, la anatomía de la vía respiratoria o los antecedentes familiares. En el síndrome de piernas inquietas pueden intervenir embarazo, anemia por déficit de hierro, enfermedad renal, algunos medicamentos y otros problemas de base.
Cómo se aborda cada problema sin simplificarlo
Aquí conviene ser prudentes. No existe una solución universal para "dormir mejor", porque el abordaje depende mucho del tipo de trastorno.
En problemas leves o puntuales, mejorar hábitos de sueño puede ayudar. En el insomnio mantenido, además de los hábitos, la terapia cognitivo-conductual puede formar parte del tratamiento. En la apnea del sueño, el estudio y el manejo pueden incluir cambios de estilo de vida, dispositivos de presión positiva como CPAP u otras medidas según el caso.
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